El viaje sin contacto: la experiencia del viajero en el aeropuerto

En la actualidad el sector del transporte está sufriendo el impacto por la pandemia del COVID-19 con un 90% de las aeronaves en tierra, y un descenso del 70% en el uso del transporte ferroviario debido a las restricciones a la movilidad durante este tiempo. En un periodo en el que comienza a recuperarse paulatinamente el turismo y por lo tanto los desplazamientos en transporte público, es necesario recuperar la confianza del viajero con todas las garantías, agilizando la adopción del “viaje sin contacto”, que además redundará en una mejor experiencia de viaje del usuario.

En este momento los aeropuertos, aerolíneas, operadores de transporte ferroviario, navieras y puertos necesitan recuperar la confianza de los viajeros, utilizando herramientas que les faciliten la operación en la gestión para evitar aglomeraciones adoptando medidas que permitan establecer el mínimo distanciamiento social recomendado por las autoridades sanitarias.

Esta  recuperación de la confianza resulta crucial para usuarios de transporte y operadores, pero también supone la revitalización de la actividad comercial y de restauración que viven del bullicioso trasiego de viajeros en las terminales.

La ruta del viaje sin contacto, una realidad

Iniciamos el viaje sin contacto en un aeropuerto, para ello se establece una ruta biométrica desde el check-in a la entrada de la terminal hasta el embarque, empleando una solución de reconocimiento facial como método de autenticación del viajero.

El sistema coteja de forma automática el nombre de la tarjeta de embarque con el del pasaporte o DNI. El viajero simplemente se toma una foto desde su casa que da de alta en una aplicación móvil y al llegar al aeropuerto se realiza la comprobación automática en los mostradores de reconocimiento facial. El viajero realiza una cesión consentida de su imagen a la plataforma con todas las garantías, cumpliendo así con el Reglamento Europeo de Protección de Datos.
La ruta del pasajero le lleva a la zona de control de seguridad donde también se evita el contacto, ya que se realiza la apertura automática gracias a la imagen de su rostro y su combinación con el pasaporte. La seguridad también prima en esta tecnología que garantiza la identidad del pasajero realizando la captura biométrica en vivo, como garantía de calidad.

Hasta este momento, el viajero ha evitado el contacto con el personal del aeropuerto, pero además ha mejorado su experiencia de viaje al reducir los tiempos de espera. Este tiempo supone una oportunidad también para los comercios del aeropuerto ya que dispone de más tiempo para el consumo y el ocio.
En la zona de embarque, el acceso al avión se vuelve a realizar de forma automática, limitando así también el contacto con la tripulación y el personal de tierra.

Este “viaje sin contacto” es posible gracias a la solución biométrica FRP (Face Recognition Platform) de Thales, ya en fase piloto en el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez, uno de los más concurridos a escala mundial. Sin duda una solución que puede ser adoptada también en estaciones de tren y puertos, ya que se alcanzan dos objetivos prioritarios en este momento: la seguridad sanitaria de viajeros y personal, así como la mejora de la experiencia de viaje.

Con el “viaje sin contacto” aumentamos la percepción de seguridad en los tránsitos y se impulsa la recuperación de la actividad en restauración y compras.